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20 de junio de 2014

SEUDOINTELECTUALES HIPÓCRITAS Y OPORTUNISTAS



SEUDOINTELECTUALES HIPÓCRITAS Y OPORTUNISTAS

Los últimos días, las páginas de los periódicos en Brasil se llenaron de artículos publicados por seudointelectuales hipócritas y oportunistas, que han intentado –y continuarán intentándolo durante mucho tiempo- aprovecharse de una situación para expresar ideas extremistas, verdaderas falacias y, lo más patético, la mediocridad de quienes prefieren dividir a construir.

La presidenta brasileña, popularmente conocida como Dilma, sufrió una vergüenza pública: un sector del público –como ya es de conocimiento general- la insultó el último 12 de junio.

¿Cuál es el significado de este insulto?

Según los seudointelectuales hipócritas y oportunistas, quienes la insultaron pertenecen a una élite, formada por personas “blancas”, con “dinero” –clase A- como le gusta llamar –como si esto fuera una ofensa-, porque no quieren perder sus privilegios.

Esa es una de las primeras grandes mentiras.

Y como lo han hecho a lo largo de la historia los seudointelectuales hipócritas y oportunistas –que por coincidencia, o por moda, tienen que ser de izquierda- utilizan su verborrea, como única manera de tapar la mediocridad y la ceguera.

Porque el único ciego es el que no quiere ver.

Es verdad que el insulto fue de mala calaña, como ya lo comentamos en otro texto; sin embargo, no es el primero ni será el último contra una autoridad; muchos más aparecerán por otras bandas; no obstante, lo patético y mediocre de los seudointelectuales es que ellos se han aprovechada de la situación para tratar de transformar a la presidenta brasileña en una Santa Víctima de la Inquisición de la Derecha Blanca, Racista y Machista Brasileña.

Es realmente una estupidez.

A Dilma la insultaron porque el pueblo está cansado de las mentiras del partido político al que ella representa y de todas las atrocidades que el gobierno cometió con la organización de la Copa del Mundo, mientras el país se desbarata con una pésima economía y una división social cada vez más profunda. (Y no importa si la Copa, aparentemente, tiene éxito frente al mundo en “organización”, porque solo de pensar en cómo se le entregó el país a la FIFA para que mande y gane lo que quiera, ya es cobardía)

Estos famosos seudointelectuales se arrastraron a los pies de Dilma y lloraron lamentaciones, pidiéndole perdón y alguno, inclusive, diciendo que él y la gente del sector de São de Paulo de donde es, nunca la tratarían así porque recibieron buena educación.

Sin embargo, se olvidan que el famoso Lula da Silva, expresidente brasileño le dijo al Presidente Itamar Franco “hijo de puta”, y dijo que la ciudad de Pelotas (Estado de Río Grande del Sur) era “exportadora de maricones”. (Ampliamente divulgada estas informaciones –en su respectiva época- por la prensa y nuevamente ahora, por Internet)

Ese es el PT y sus grandes representantes: no tienen memoria y, como todo grupo extremista, o se está con ellos o se está en contra de ellos. O, en otras palabras, si no eres de ellos, eres del PSDB.

Pero yo no soy ni uno ni otro. Mi conciencia no me permitiría ninguna de esas dos aberraciones.

Sin embargo, lo más preocupante es que Brasil está cada vez dividiéndose más en razas, colores, pobrezas, riquezas, sectores, en lugar de estar uniéndose como nación. Una división hecha con fines políticos, electoreros, egoístas porque, cuanto más fraccionado sea el pueblo, más fácil decirle lo que debe pensar.

La idea que parece prosperar a insistencia de estos seudointelectuales es que los pobres en Brasil siempre son negros y obreros, y que los blancos, por el mero hecho de haber nacido blancos, son ricos y elitistas.

Dicen que los que le insultaron a Dilma estaban en uno de los sectores más caros del estadio, lo que no significa que todos tengan dinero. ¡Cuánta gente ahorró mucho tiempo para poder estar sentado ahí!

Estar en ese lugar del estadio no significa ser elitista. Esa es la gran falacia de estos seudointelectuales chupamedias.

Esa es la hipocresía de los oportunistas: quieren convencer al mundo de una gran mentira: solo los pobres son honestos, educados, trabajadores y víctimas; y si son negros, más aún; pero si son blancos, no: ellos son racistas, elitistas, ricos, machistas, maleducados, y los únicos que tienen privilegios.

Pero, pero... se olvidan que muchos de esos “trabajadores” petistas, convertidos en diputados algunos, hoy están presos porque se comprobó que formaron parte de uno de los esquemas más corruptos de la historia contemporánea brasileña.

A Dilma le insultaron, y no porque sea mujer, como los hipócritas insisten en decir; le insultaron porque Brasil se arrastra, se desangra con la corrupción, la violencia, la intolerancia, la desigualdad social.

Los números que las estadísticas cuentan son solo números: no son realidad.

Si el PT fuera lo que tanto dicen que es, ¿por qué no reformó en los tres gobiernos que ha tenido la estructura política del país? Porque no le interesa. Porque mientras haya pobres, habrá el discurso que los “pobres” quieren escuchar.

Y luego, con la distribución de “bonos” se quiere salvar el mundo.

Seudoinlectuales hipócritas y oportunistas de poca memoria.

23 de mayo de 2014

ESPAÑA, ¡OH, NUESTRA SANTA PATRIA MADRE HIPÓCRITA!



ESPAÑA, ¡OH, NUESTRA SANTA PATRIA MADRE HIPÓCRITA!

España, ¡nuestra Santa Madre Patria!
O algo por el estilo.
En fin, algo así nos enseñaban en la escuela, allá en el siglo pasado, el veinte, caso haya algún gracioso por ahí que piense que hablo de otra época.
España: nuestra Santa Madre Patria: modelo de cultura, de vida, de amor, a quien le debíamos la santa religión, la sagrada lengua y... no sé cuántos millones de asesinatos... Si la memoria no me falla, se dice que fueron más o menos unos cien millones de indios que murieron durante los tres singlo y pico en el que nos descubrieron, amaron, civilizaron y saquearon...
Pues sí, esa es la verdad.
Por eso, desde hace un par de semana que vengo pensando que esa Santa Patria Madre no es más que una nada santa, pero sí, una vulgar hipócrita.
Al ritmo de platillos y bombos, en el mundo se corrió la voz de que España les quiere dar la ciudadanía española, la tan deseada, milagrosa y majestuosa ciudadanía, a los descendientes de los judíos sefardíes que fueron expulsados de España en 1492.
Enseguida, circularon listas y listas de miles de apellidos que tendrían ese origen –tan deseado ahora– para conseguir el santo milagro del siglo veintiuno: volverse español.
Y no hay nada que hacer: miles de pobres tercermundistas soñaron por un instante que el famoso pasaporte de la Unión Europea estaba a la vuelta de la esquina.
Sin embargo...
Leí en la versión on-line de la BBC Mundo (Por qué España les quiere dar ciudadanía alos judíos sefardíes, www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/04/140328..., “el anteproyecto de ley es la respuesta a una vieja deuda con los judíos expulsados de Sefarad en 1492”...
Una vieja deuda.
¡Claro! ¡Cómo no!
Una vieja deuda... para que los “nuevos españoles” lleven el dinero que tanta falta le hace ahora a España, país que hasta los años ochenta del siglo veinte era el “patito feo” de Europa, tan tercermundista como los de América, que luego se transformó creando una generación de “nuevos ricos” con malos hábitos que los llevó a la crisis de la cual aún no consiguen salir.
Una vieja deuda.
Si fuera verdad que ellos sienten algo de remordimiento y quieren saldar esa vieja deuda, deberían pensar, también, en la vieja deuda millonaria que tienen con todos los países de América, pues no se puede negar que ellos vinieron, mataron, violaron, saquearon y aún nos miran con la nariz empinada como si ellos fueran la Mona Chita o la Mamá de Tarzán.
Una vieja deuda: ¿cuánto nos robaron?
¡Oh, España: santa madre patria!: no seas sinvergüenza... digo, hipócrita: aunque nos pagaras lo que nos corresponde, no pagarías la deuda moral que tienes con América.