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6 de junio de 2014

¡BRASIL ESTÁ TRISTE!



¡Brasil está triste!

Por increíble que parezca, Brasil está triste.
Aunque el sol tropical brille y las playas continúen llenas de gente, Brasil vive un momento de tristeza.
Y tal vez sea una tristeza genuina.
Y el culpable: el fútbol.
Justamente esa gran pasión brasileña hoy le está provocando al brasileño una sensación de impotencia y de pueblo perdido.
A pocos días de la más vergonzosa copa mundial de fútbol de todos los tiempos, no se respira en las calles la alegría y la esperanza de otras copas; en las ventanas de las casas no flamea la bandera brasileña como era la costumbre de los hinchas; los muros y las calles pintadas con alegorías futbolísticas, apenas aparecen...
Es que el brasileño está triste.
Él no sabe qué hacer.
Por un lado, tiene las ganas de gritar “campeón”; pero por otro, vive la angustia de saber que su país fue vendido, como esclavo, a un vil colonizador que se llama Fifa, una de las organizaciones más poderosas y corruptas del mundo.
Aunque la televisión y las tiendas intentan propagar el espíritu jovial de la copa del mundo de 2014, la gente aún no se anima...
¿Qué es lo que ha pasado?
Es que el brasileño sabe que le han traicionado. Sabe que el gobierno petistas de su país lo vendió, lo manipuló y lo entregó a la Fifa de la manera más escandalosa con el solo objetivo de crear el “circo” que inmortalizaría a esos mojigatos que en doce años de gobierno han conseguido dividir un país.
Es que el brasileño sabe que las denuncias que corren por todo los rincones no son teorías de conspiración y sí la trágica realidad que demuestra la vulnerabilidad de un país gigante dominado por un puñado de individuos que no tuvieron la valentía necesaria de decirle “no” a la Fifa neo-colonizadora. Esas autoridades agacharon la cabeza, metieron el rabo entre las patas y dejaron que los jefes del fútbol mundial mandaran y desmandaran a sus anchas por todo el país.
Es que el brasileño sabe que le han apuñalado por las espaldas y no llega a entender cómo se cambiaron las leyes –como la de la prohibición de venta de bebidas alcohólicas en los estadios, solo para que las empresas de la Fifa pudieran vender sus bebidas- mientras que otras leyes que el país necesita viven perdidas entre papeladas en Brasilia y negociaciones partidistas.
Es que el brasileño sabe que trabaja y que su salario de cuatro meses sirven solo para pagar impuestos altísimos que no le sirven para nada, pues aún continúa con un sistema de salud mediocre, una educación en último lugar, una seguridad pública ineficiente, una fuerza policiaca violenta, mientras la Fifa y sus subsidiarias saldrán del país con una ganancia líquida de más de mil millones de reales, sin pagar un solo centavo de impuestos.
Es que el brasileño no sabe qué va a pasar en las calles cuando la gente salga a protestar contra el absurdo de la copa: ¿será que la policía y el ejército van a actuar con violencia, salvajería como si este país fuera una dictadura en manos de un partido que sabe de todo, menos de democracia?
Es que el brasileño no sabe cómo reaccionar al ver sus sueños frustrados: el país del fútbol ya no es más el país del fútbol: el mundo lo ve preocupado mientras sus gobernantes (Dilma y su antecesor) intentan convencer a la población de que todo está perfecto... para los que se mantienen en el poder y aquellos que se han enriquecido con la organización de la copa más cara del mundo.
Es que el brasileño finalmente ha abierto los ojos y aunque le gusta el fútbol, se da cuenta de que este no le sirve para nada, a no ser como entretenimiento, pues a los comandantes mundiales de este deporte –y a muchos comandantes brasileños, como otros ya lo han demostrado- no les importa el destino del Brasil, pues están más preocupados en fortalecer sus lucros, aunque para eso tengan que ser corruptos.
La verdad es que Brasil está triste.
Y ahora, ¿qué debemos hacer?
No podemos quedarnos tristes para siempre.
Hay que levantar los ojos, caminar con la frente en alto y acabar con estos males que tanto le están perjudicando al país.
Lo primero que hay que hacer es no creer en las palabras de los “famosos” que se han beneficiado con la copa, como Ronaldo, el exjugador de fútbol, que solo ahora, cuando todo ya es demasiado tarde, critica la ineficacia del gobierno en la organización, cuando él mismo ha sido parte de la organización. Un auténtico Poncio Pilatos.
Lo segundo que hay que hacer, es darle un puntapié en el trasero al gobierno petistas en octubre y no darle chances de continuar destruyendo el país con políticas populistas que a la larga solo destruyen la nación.
¿Es que debemos esperar estar como otros países que han llegado a situaciones trágicas de guerras, de revoluciones, de separatismos, de esclavitud, de fanatismos asesinos para reaccionar?
Brasil no puede esperar hasta transformarse en una nueva Venezuela o en una falsa democracia comandada por “dictadores” que amenazan a los que les critican; adulan a los ignorantes con migajas e incentivan el fanatismo asesino.
Lo tercero que debemos hacer es cambiar de mentalidad: dejar de ser pasivos y tomar la actitud necesaria para no permitir que la corrupción tome cuenta del país en todos los niveles.
Dejemos de lado la comodidad y sean cuales sean las creencias o ideologías, hay que unirse para construir una sociedad lo más justa posible.
Es hora de que cada brasileño contribuya con un ladrillo para construir el país y no permitir que otros nuevos colonizadores vengan y nos saqueen.
Un país sin educación muere; un país sin tolerancia racial e ideológica se pudre en sus propias entrañas; un país sin líderes honestos, competentes e incorruptibles, se autodestruye; un país sin mujeres y hombres intachables es una sociedad primitiva; un país sin ciudadanos que estén dispuestos a trabajar por el bien de la nación es una jauría que se autodevora.
Brasil: hay que recuperar la alegría y que la desgracia de la organización de la maldita Copa sea el inicio de una nueva era.
Ahora depende de cada uno y de lo que estemos dispuestos a hacer.



BRASIL ESTÁ TRISTE



Brasil está triste

Por incrível que pareça, o Brasil está triste.
Ainda que o sol tropical brilhe e as praias continuem cheias de gente, o Brasil vive um momento de tristeza.
E talvez seja uma tristeza genuína.
E o culpado: o futebol.
Justamente essa grande paixão brasileira é o que está provocando no brasileiro uma sensação de impotência e de povo perdido.
A poucos dias da mais vergonhosa copa do mundo de futebol de todos os tempos, não se respira nas ruas a alegria e a esperança de outras copas; nas janelas das casas não ondeia a bandeira brasileira como era de costume dos torcedores; os muros e as ruas pintadas com alegorias futebolísticas, quase não aparecem...
É que o brasileiro está triste.
Ele não sabe o que fazer.
Por um lado, ele tem vontade de gritar “campeão”; mas por outro, vive a angústia de saber que seu país foi vendido, como escravo, a um vil colonizador que se chama Fifa, uma das organizações mais poderosas e corruptas do mundo.
Ainda que a televisão e as lojas tentem propagar o espírito jovial da copa do mundo de 2014, mesmo assim as pessoas não se animam.
O que aconteceu?
É que o brasileiro sabe que ele foi traído. Ele sabe que o governo petista de seu país o vendeu, o manipulou e o entregou à Fifa da maneira mais escandalosa com o único objetivo de criar o “circo” que imortalizaria a esses dissimulados que em doze anos de governo conseguiram dividir um país.
É que o brasileiro sabe que as denúncias que correm por todos os cantos não são teorias de conspiração e sim a trágica realidade que demonstra a vulnerabilidade de um país gigante dominado por um punhado de indivíduos que não teve a valentia necessária de dizer “não” à Fifa neocolonizadora. Essas autoridades abaixaram a cabeça, meteram o rabo entre as pernas e deixaram que os chefes do futebol mundial mandassem e desmandassem à vontade por todo o país.
É que o brasileiro sabe que foi apunhalado pelas costas e não consegue entender como as leis foram mudadas – como a da proibição de venda de bebidas alcoólicas nos estados, só para que as empresas da Fifa pudessem vender as suas bebidas – enquanto que outras leis que o país necessita vivem perdidas entre papeladas em Brasília e negociações partidárias.
É que o brasileiro sabe que trabalha e que seu salário de quatro meses serve só para pagar impostos altíssimos que não servem para nada, pois o país continua com um sistema de saúde medíocre, uma educação em último lugar, uma segurança pública ineficiente, uma força policial violenta, enquanto a Fifa e suas subsidiárias sairão do país com um rendimento líquido de mais de um bilhão de reais, sem pagar um só centavo de imposto.
É que o brasileiro não sabe o que vai acontecer nas ruas quando as pessoas saírem para protestar contra o absurdo da copa: será que a polícia e o exército vão atuar com violência, selvageria como se esse país fosse uma ditadura nas mãos de um partido que sabe de tudo, menos de democracia?
É que o brasileiro não sabe como reagir ao ver seus sonhos frustrados: o país de futebol já não é mais o país do futebol: o mundo vê que ele está preocupado enquanto seus governantes (Dilma e seu antecessor) tentam convencer à população de que tudo está perfeito... Para os que mantêm o poder e aqueles que se enriqueceram com a organização da copa mais cara do mundo.
É que o brasileiro finalmente abriu os olhos e, ainda que ele goste de futebol, percebeu que esse não serve para nada, a não ser como entretenimento, pois os comandantes mundiais desse esporte – e a muitos comandantes brasileiros, como outros já demonstraram - não se importam com o destino do Brasil, pois estão preocupados em fortalecer seus lucros, ainda que para isso tenham que ser corruptos.
A verdade é que o Brasil está triste.
E agora, o que devemos fazer?
Não podemos ficar tristes para sempre.
Temos que levantar os olhos, caminhar com o rosto erguido e acabar com esses males que tanto estão prejudicando o país.
O primeiro a ser feito é não acreditar nas palavras dos “famosos” que se beneficiaram com a copa, como o Ronaldo, ex-jogador de futebol, que só agora, quando já é demasiado tarde, critica a ineficácia do governo na organização, quando o mesmo participou da organização. Um autêntico Poncio Pilatos.
O segundo a ser feito é dar um pontapé no traseiro do governo petista em outubro e não dar chances dele continuar destruindo o país com políticas populistas que ao longo do tempo só destroem a nação.
É que devemos esperar estar como outros países que chegaram a situações trágicas de guerras, de revoluções, de separatismos, de escravidão, de fanatismos assassinos para reagir?
O Brasil não pode esperar até se transformar em uma nova Venezuela ou em uma falsa democracia comandada por “ditadores” que ameaçam aos que fazem críticas; adulam os ignorantes com migalhas e incentivam o fanatismo assassino.
O terceiro a fazer é mudar a mentalidade: deixar de sermos passivos e tomarmos a atitude necessária para não permitir que a corrupção tome conta do país em todos os níveis.
Deixemos de lado a comodidade e, sejam quais forem as crenças e ideologias, temos que nos unir para construir uma sociedade o mais justa possível.
É hora de cada brasileiro contribuir com um tijolo para construir o país e não permitir que outros novos colonizadores venham e nos saqueiem.
Um país sem educação morre; um país sem tolerância racial e ideológica apodrece em suas próprias entranhas; um país sem líderes honestos, competentes e incorruptíveis, se auto destrói; um país sem mulheres e homens irrepreensíveis é uma sociedade primitiva; um país sem cidadãos que estejam dispostos a trabalhar pelo bem da nação é uma matilha que se auto devora.
Brasil: há que recuperar a alegria e que a desgraça da organização da maldita Copa seja o início de uma nova era.
Agora depende de cada um e do que estamos dispostos a fazer.

2 de mayo de 2014

BRASIL TIENE QUE PERDER LA COPA MUNDIAL DE FÚTBOL



BRASIL TIENE QUE PERDER LA COPA MUNDIAL DE FÚTBOL

Hoy he dicho que Brasil debe perder la copa del mundo.
Y me miraron como bicho raro.
¿Qué te pasa?, me preguntaban. ¿Cómo puedes decir eso?
Y como yo no decía nada más, pensaban que estaba haciendo un chiste y empezaron a decirme que cómo puedo pensar eso si vivo en el país que me ha acogido.
Pero la verdad es que no conseguía decir nada porque me quedé abismado al percibir que hay mucha gente, linda, culta e interesante, que aún no se ha dado cuenta de la verdad: en las circunstancias socio-económicas-políticas que vive Brasil lo que menos nos debe preocupar es el fútbol.
Primero: el fútbol no me da trabajo, no paga mis cuentas mensuales, no me da seguridad en la calle, no me da un seguro de vida digno e eficaz...
Segundo: Brasil ya ha perdido la copa mundial de fútbol lejos de la cancha. Esta es una realidad que nadie la puede negar y ampliamente difundida por todo el mundo en los más diversos medios de comunicación gracias a los precios absurdos para construir estadios, obras prometidas que nunca se cumplieron, entre muchos otros aspectos, mientras en el país el abismo social crece y el fanatismo de los que están en el poder aumenta.
Solo un ciego no lo puede ver y solo un testarudo se niega a comprender.
Mientras la FIFA va a ganar millones y millones de dólares, el pueblo brasileño padece de una pésima educación pública: escuelas mal estructuradas, profesores mal pagados; un servicio público de salud mediocre, con hospitales en pésimo estado y planes de salud privados carísimos; calles inseguras y políticos en el poder acusados –y comprobados – de corrupción, entre otros muchos crímenes, que tienen los salarios más altos del mundo.
Y antes de olvidarnos, esa maldita FIFA, cuyos Santos Patrones y Amos van a lucrar millones de dólares, libres de todo impuesto, apoyados con el absurdo de la estupidez de los miles de trabajadores voluntarios que van a sudar la gota gorda mientras los Todopoderosos engordan a nuestras anchas.
¿Qué más podemos decir?
Podríamos comentar sobre la violencia en las calles; la policía mal pagada, y actualmente comandada por jefes que les hacen actuar con extrema violencia contra la población que le dice un “no” a un gobierno mediocre de “izquierda” que ha confundido la democracia con dictadura, intolerancia, arrogancia e incompetencia.
Pero no hablemos más de eso porque de lo contario vamos a poner a llorar a moco tendido por las tragedias que sufren los brasileños... por votar y continuar votando en los “privilegiados”, esa “casta” política” que no acaba de solucionar los problemas del país, que continúa siendo fiel al lema de que “Brasil es el país del futuro”...
Solo que se olvidaron de decir a qué futuro se refieren.
En fin, ¡volvamos a lo que realmente interesa!
Brasil tiene que perder el campeonato mundial de fútbol de 2014, cueste lo que cueste, porque de lo contrario, el brasileño se estará colocando la soga en el propio cuello.
Si Brasil gana la copa del mundo, el pueblo continuará creyendo que el fútbol y los futbolistas son las cosas más importantes del mundo, sin darse cuenta que el futbolista no es más que un futbolista, como cualquier otra persona puede ser profesor, albañil, abogado o un niño de jardín de infantes.
Si Brasil gana el campeonato, el brasileño va a salir a las calles para conmemorar el triunfo durante semanas y semanas; los gritos de delirio se escucharán en todos los lugares y todos volverán a creer que ser campeones mundiales de fútbol es más importante que la salud, la educación, la seguridad social y un país en crecimiento.
Imaginémonos esta escena grotesca: Brasil gana y durante un mes, por lo menos, la selección desfilará por las principales ciudades del país en carro de bomberos, bajo el delirio de zombies que los aplaudirán en las calles, sin importarse por el trabajo, por la educación, por la seguridad y por el fin de la impunidad política.
Y los jugadores irán a Brasilia para retratarse con los Grandes Jefes que sonriendo estarán seguros de que volverán a ganar las elecciones porque le han dado al pueblo el mismo Circo que gobiernos mediocres e incompetentes han dado muchos pueblos a lo largo de la historia de la humanidad, con tal de ser dueños del poder.
Si Brasil gana el campeonato, el pueblo se olvidará de que en un par de meses no puede volver a repetir el error que se repite a cada cuatro años y nuevamente votará en los mismos “profesionales” del poder que se han instalado en Brasilia desde hace tantos años y que son los causantes de los males sociales que le afecta al país.
Si Brasil gana el campeonato, el brasileño ya empezará a soñar en la próxima copa y cómo va a ganar nuevamente y cómo son mejores que todo el mundo y que no hay alegría más grande en el mundo que ganar un campeonato de fútbol porque dios es brasileño.
¡Ayayayayayay!
Si Brasil quiere cambiar esa situación catastrófica social y económica que vive, debe perder la copa para que todos podamos abrir los ojos y decirles a los arrogantes: quédense con sus estadios que nosotros nos quedamos con un país mejor.
Con el fracaso en la preparación de la copa, Brasil ya le demostró al mundo que no se puede engañar a un país haciéndole creer que se debe vivir del fútbol; y si además, Brasil pierde la copa, le enseñará a su pueblo y a sus dirigentes que es hora de empezar una nueva era.
Y no nos preocupemos por los pobrecitos jugadores de fútbol de la selección –grandes millonarios por cierto– que  si pierden, no se volverán pobres y en un par de meses habrán superado el “trauma del milenio”, continuarán jugando en Europa, continuarán ganando millones y millones mientras los millones y millones de brasileños que viven en Brasil luchan para sobrevivir a la censura, a la violencia, al crecimiento de la inflación, al aumento constante de los salarios de los políticos, al crecimiento de las favelas, a la pobreza del nordeste, a la destrucción de la Petrobrás, al invento de nuevos impuestos, a las falsas promesas electorales, a la injusticia generalizada, bajo la mirada sórdida de “Doctores in Honoris Causa” que ganan decenas de títulos en el Juego del Poder de las instituciones que los regalan por intereses creados.
Entonces, si eres hincha del Brasil, qué le vamos a hacer: es preferible llorar un poco por algo que no vale la pena antes que tener un país al borde del caos social.
No seamos ciegos: miren lo que les sucede a los millonarios petroleros venezolanos: casi dos décadas de miseria total; miren lo que le sucede a esa isla caribeña infectada por dictadores nauseabundos y cuya población permanece manipulada para tener miedo y callar.
¡No nos callemos!
¡Alemania! ¡Alemania! ¡Ra, ra, ra, ra! Campeón, campeón: ¡A-le-ma-nia!

Versão em português


                            BRASIL TEM QUE PERDER A COPA DO MUNDO 

Eu disse hoje que o Brasil tem que perder a copa do mundo.
E me olharam como um bicho esquisito.
O que você tem? Perguntaram-me. Como você pode falar isso?
E como eu não dizia mais nada, eles pensaram que eu estava fazendo uma piada e começaram a dizer-me que como posso pensar isso se vivo nesse país que me acolheu.
Mas a verdade é que eu não conseguia dizer nada porque fiquei abismado ao perceber que há muitas pessoas, lindas, cultas e interessantes, que ainda não se deram conta da verdade: nas circunstâncias sócio-econômicas-políticas que o Brasil vive o que menos nos deve preocupar é o futebol.
Primeiro: o futebol não me dá trabalho, não paga as minhas contas mensais, não me dá segurança na rua, não me dá seguro de vida digno e eficaz...
Segundo: o Brasil já perdeu a copa do mundo longe do campo do futebol. Essa é uma realidade que ninguém pode negar e é amplamente difundida por todo o mundo nos mais diversos meios de comunicação, graças aos preços absurdos para construir estádios, obras prometidas que nunca foram cumpridas, entre muitos outros aspectos, enquanto o abismo social cresce e o fanatismo dos que estão no poder aumenta.
Só um cego não consegue ver e só um teimoso se nega a compreender.
Enquanto a FIFA vai ganhar milhões e milhões de dólares, o povo brasileiro padece de uma péssima educação política: escolas mal estruturadas, professores mal pagos; um serviço público de saúde medíocre, com hospitais em péssimo estado e planos de saúde privados caríssimos; ruas inseguras e políticos no poder acusados – e comprovados – de corrupção, entre outros muitos crimes, que têm os salários mais altos do mundo.
E antes de esquecermos, essa maldita FIFA, cujos Santos Patrões e Amos vão lucrar milhões de dólares livre de todo imposto, apoiada com o absurdo da estupidez dos milhares de trabalhadores voluntários que darão o sangue enquanto os Todopoderosos engordam a nossas custas.
 O que mais podemos dizer?
Poderíamos comentar sobre a violência nas ruas; a polícia mal paga, e atualmente comandada por chefes que a fazem atuar com extrema violência contra a população que diz um “não” a um governo medíocre de “esquerda” que confundiu a democracia com a ditadura, intolerância, arrogância e incompetência.
Mas não falemos mais disso, porque do contrário vamos começar a cair em prantos pelas tragédias que sofrem os brasileiros... por votar e continuar votando nos “privilegiados”, essa “casta política” que não acaba de solucionar os problemas do país, que continua sendo fiel ao lema de que “o Brasil é o país do futuro”...
Só que se esqueceram de dizer a que futuro se referem.
Enfim, voltemos ao que realmente interessa!
O Brasil tem que perder o campeonato mundial de futebol de 2014, custe o que custar, porque caso contrário, o brasileiro estará colocando a corda no próprio pescoço.
Se o Brasil ganha a copa do mundo, o povo continuará acreditando que o futebol e os futebolistas são as coisas mais importantes do mundo, sem perceber que o futebolista não é mais que um futebolista, como qualquer outra pessoa pode ser professor, pedreiro, advogado ou uma criança de jardim de infância.
Se o Brasil ganha o campeonato, o brasileiro vai sair às ruas para comemorar o triunfo durante semanas e semanas; os gritos de delírio serão escutados em todos os lugares e todos voltarão a acreditar que ser campeão mundial de futebol é mais importante que a saúde, a educação, a segurança social e um país em crescimento.
Imaginemos essa cena grotesca: Brasil ganha e durante um mês, pelo menos, a seleção desfilará pelas principais cidades do país em carros de bombeiros, sob o delírio de zumbis que os aplaudirão nas ruas, sem importar-se com o trabalho, com a educação, com a segurança e com o fim da impunidade política.
E os jogadores irão a Brasília para retratar-se com os Grandes Chefes que sorrindo estarão seguros que voltarão a ganhar as eleições porque deram ao povo o mesmo Circo que os governos medíocres e incompetentes deram a muitos povos ao longo da história da humanidade, contando em serem donos do poder.
Se o Brasil ganha o campeonato, o povo esquecerá de que em um par de meses não pode voltar a repetir o erro que se repete a cada quatro anos e novamente votará nos mesmos “profissionais” do poder que  se instalaram em Brasília há tantos anos e que são os causadores dos males sociais que afeta ao país.
Se o Brasil ganha o campeonato, o brasileiro começará a sonhar com a próxima copa e como ganhará novamente e como são melhores que todo o mundo e que não há alegria maior que ganhar um campeonato de futebol porque deus é brasileiro.
Aiaiaiaiaiaiaiai!
Se o Brasil quer mudar essa situação catastrófica social e econômica que vive, deve perder a copa para que todos nós possamos abrir os olhos e dizer aos arrogantes: fiquem com seus estádios que nós ficamos com um país melhor.
Com o fracasso na preparação para a copa, o Brasil já demonstrou para o mundo que não se pode enganar um país fazendo-o acreditar que se deve viver do futebol; e se, além disso, o Brasil perder a copa, ensinará ao seu povo e aos seus dirigentes que é a hora de começar uma nova era.
 E não nos preocupemos pelos coitadinhos jogadores de futebol da seleção – grandes milionários, por certo – que se perderem, não se tornarão pobres e em um par de meses terão superado o “trauma do milênio”, continuarão jogando na Europa, continuarão ganhando milhões e milhões enquanto os milhões e milhões de brasileiros que vivem no Brasil lutam para sobreviver à censura, à violência, ao crescimento da inflação, ao aumento constante dos salários dos políticos, ao crescimento das favelas, à pobreza do nordeste, à destruição da Petrobrás, à invenção de novos impostos, às falsas promessas eleitorais, à injustiça generalizada, sob o olhar sórdido de “Doutores in Honoris Causa” que ganham dezenas de títulos no Jogo do Poder das instituições que os presenteiam por interesses criados.
Então, se você é um torcedor do Brasil, o que podemos fazer: é preferível chorar um pouco por algo que não vale a pena do que ter um país à beira do caos social.
Não sejamos cegos: olhem o que acontece com os milhões de petroleiros venezuelanos: quase duas décadas de miséria total; olhem o que acontece com essa ilha caribenha infectada por ditadores nauseabundos e cuja população permanece manipulada para ter medo e calar-se.
Não no calemos!
Alemanha! Alemanha! Ra, ra, ra, ra! Campeão, campeão: A-le-ma-nha!